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Parece que el mal tiempo da sus últimos coletazos y este domingo frío de Madrid me puso un poco nostálgica de nuestros brunch bonitos en Alemania. Recopilando piezas de esas vajillas sueltas que me gusta coleccionar les monté a mi familia una mesa especial, pero ojo, solo para tres.

mesa

Sigo con mi dieta, estricta y conscientemente, y dado que yo no puedo comer de momento “de todo” les preparé a mis hijos y mi marido una mesa para que ellos se pudieran dar un pequeño homenaje. No puse mantel esta vez, me gusta el contraste de la madera de nuestra mesa con los cubiertos dorados de Zara Home y la cerámica y pizarra negras que se ven en la imagen, y aproveché para estrenar algunas cosas que encontré el sábado en las últimas rebajas de Zara, unas preciosas servilletas de papel en tonos negro y blanco y unos servilleteros de cuero que la verdad estaban a casi el 100% de su precio original ¡increíble!

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Les puse los bajo platos de ratán de otras veces y piezas sueltas de mi vajilla blanca, unas tablas de pizarra que me regalaron en navidad y que combinan muy bien con los platillos, y mi tetera negra. La idea era tomar huevos pasados por agua, embutido, algunos panes alemanes, te roobois, al que se han aficionado todos, y un poco de zumo de naranja. Al empezar a oler la comida yo desaparecí porque aunque no estoy pasando hambre con mi dieta, el olor de los panes tostados me hace salivar y volverme practicamente loca…

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Estoy ya cerca de mi meta de perder 12 kilos. Ya van 8 y mañana toca médico, a ver que me dice. De momento me he hecho mis análisis y me he puesto muy contenta ya que con la dieta no solo he adelgazado, sino que mi colesterol que estaba en 220 ha bajado a 180. ¿Que puedo decir? De momento todo va bien, aunque empiezo a temer ese momento fin de dieta y el efecto rebote.

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Lo bueno que llevo ya casi dos meses y que mi percepción de la comida, del azúcar y de los hidratos ha cambiado tan radicalmente que no creo que nunca vuelva a ser la de antes. El otro día pedí en un restaurante una carne a la plancha y cuando me metí el primer trozo de carne en la boca ¡me dí cuenta de que aquello estaba marinado con azúcar! Ni que decir tiene que la mandé de vuelta a la cocina.

Muchas cosas deberían cambiar para que la industria alimentaria primero, los restaurantes después y por último las madres nos demos cuenta de que hinchar de azúcar a nuestros hijos, de hidratos y grasas saturadas en los alimentos más insospechados, es un crimen absoluto, y que muchos males de nuestro siglo vienen de esta falta de conciencia alimentaria general. Las hamburguesas envasadas de Carrefour contienen azúcar, cuando se supone que son solo carne, lo comprobé personalmente leyendo espantada la etiqueta y te preguntas ¿es realmente necesario?

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Solución, ir a nuestro carnicero de la clásica galería de alimentación de toda la vida y elegir un trozo de carne y ver como me lo picaban delante de mis ojos al momento. Ni que decir tiene que además estaban mucho más buenas que las azucaradas de Carrefour…

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